Una plancha intenta responder a la pregunta de si es cierto el origen templario de la Masonería. “Los Templarios eran hombres del medioevo, que unían a un exacerbado fanatismo cristiano una ambición desmedida, que con el tiempo adquirieron un inmenso poder y grandes riquezas, gracias a uno de los mayores derramamientos de sangre de la historia humana, y no caballeros altruistas poseedores de un elevado sentimiento intelectual o espiritual”, dice uno de sus párrafos. Hemos leído en nuestras reuniones que “El fanatismo es un extravío moral y la exaltación del culto de una idea. El fanatismo religioso conduce a la superstición, despierta el odio del hombre para con sus semejantes, produce males sin cuento y, como consecuencia, persecuciones y derramamiento de sangre. El fanatismo político arrastra al hombre a los mayores excesos; despierta las malas pasiones: la envidia, la adulación, el servilismo y la inmoralidad, porque mientras el hombre no está emancipado de toda servidumbre, no puede tener verdadera moralidad. Los más sublimes ideales, las más bellas concepciones del espíritu humano no deben determinar el fanatismo, porque es preciso que la razón permanezca emancipada de todo prejuicio capaz de oponerse a la investigación de la verdad.” Si bien con estos párrafos podría responderse el interrogante, vale la pena recorrer los argumentos del autor.